lunes, 1 de febrero de 2010

Fernando, gracias

No sé si lo que me ocurre ahora mismo es habitual, no sé si se trata de una exageración importante pero, es lo que siento y lo siento mucho.

Hace unos días me llamó una amiga y me dio la terrible noticia: “- Se ha muerto Fernando”. Un mazazo increíblemente doloroso.

Si bien es cierto que conocí a Fernando Rubio, jefe de Ilustración e Infografía de ABC, hace ya algún tiempo y no fueron muchos los días que convivimos, no es menos verdad que conectamos muy bien.

Apenas siete días muy lejos de aquí, que me dieron la oportunidad de conocer a una de las mejores personas con las que me he cruzado: cariñoso, dulce, gracioso y un excelente bailarín.

Recuerdo muchas cosas de él, todas muy buenas, como por ejemplo el hecho de ayudarme cuando trataba de cambiar de trabajo a toda costa y él no tuvo ningún problema en entregar mi currículum en su empresa, o como cuando me dio las explicaciones básicas para sobrevivir en mi primera inmersión como submarinista en una isla filipina.

Por supuesto, tampoco puedo olvidarme, ni quiero, de cómo le gustaban mi nariz “muy graciosa” según Fernando, o mis pies (me hizo una foto en un descuido).

Se supone que teníamos un café pendiente cuando yo fuera a Madrid a visitar las instalaciones de ABC , se supone que me debía una ilustración dedicada y se supone que íbamos a seguir siendo amigos.

Odio pensar que alguien que te hace la vida tan fácil ya no está aquí y que precisamente por eso, todo parece más complicado.

Y sólo le conocí durante unos días, pero como ya he leído en algunos de los innumerables reconocimientos que he visto en la Red, era una de esas personas que dejan huella, sencillo en su inmensidad y con un corazón enorme.

Desde hace unos días el mundo es mucho más triste porque se ha ido un excelente profesional y una magnífica persona.

Lo siento de verdad. Siento no poder volver a verle y siento no haberle dado las gracias por todo, por lo que fue y por lo que no fue.

1 comentario:

  1. LA MUERTE NO ES EL FINAL
    “Tú nos dijiste que la muerte
    no es el final del camino,
    que aunque morimos no somos,
    carne de un ciego destino.

    Tú nos hiciste, tuyos somos,
    nuestro destino es vivir,
    siendo felices contigo,
    sin padecer ni morir.

    Cuando la pena nos alcanza
    por el hermano perdido,
    cuando el adiós dolorido
    busca en la fe su esperanza.

    En tu palabra confiamos
    con la certeza de que Tú
    ya lo has devuelto a la vida,
    ya lo has llevado a la luz.
    Ya lo has devuelto a la vida,
    ya lo has llevado a la luz”
    (Cesáreo Gabaráin Azurmendi)

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