miércoles, 20 de enero de 2010

Siempre lo mismo...

Me reconozco como una gran fan de esa película de la que casi nadie recuerda el nombre pero que si os digo "El día de la marmota" todo el mundo sabe cuál es.

Hasta el momento era una seguidora fiel más que nada por la marmota en si, puesto que me siento completamente identificada con el animalejo en cuestión por aquello de dormir como si me fuera la vida en ello, y porque siempre hay un día en el que alguien te despierta para tocarte las pelotas. Y digo era porque últimamente me acuerdo más que nunca de esa película, 'Atrapado en el tiempo', porque todos los días me parecen el mismo...

El hecho de repetir una y otra vez el mismo horario y el mismo itinerario me resulta bastante frustrante: entro a trabajar a las 8,00 horas, paro para comer a las 14,00, entro de nuevo a las 16,00 y de vuelta a casa a las 18,30... y siempre por las mismas calles, el mismo puente... Por supuesto, debo reconocer que intento poner un poco de mi parte para tratar de evitar esa monotonía tan asfixiante, siempre que puedo me gusta quedar con algún amigo para tomar una cervecita después del curro, sobre todo para darle un aliciente a la semana y un poquito de emoción...

Cuando he comentado esto estando en compañía la respuesta suele ser algo así como "- ¿Y si te apuntas a algo? No sé al gimnasio, pintura..." Bueno, vamos a ver, en primer lugar cuando salgo del trabajo estoy tan agobiada que lo último que me apetece es meterme en un gimnasio, lo siento, no me gustan, me parecen agobiantes e inmensamente aburridos si vas sola, ya lo he probado y me parecen un verdadero horror, y por otra parte, pinto fatal, así que no me sirve el cuento de las Bellas Artes... Y, en segundo lugar, si integro alguna de esas actividades en mi día a día ¿no se convertirán en monótonas? De todos modos, y por esa maldita necesidad de calmar mis remordimientos, a ver si finalmente me apunto a submarinismo, cosa que me apetece un montón y a lo que mi honorable madre responde "- ¿Y no te puedes apuntar a nada normal?"

Todo este rollo venía más que nada porque muchas veces no puedo evitar preguntarme ¿estaré desaprovechando mi vida? ¿por qué hay algo que me bloquea cuando me apetece romper con todo? ¿es sólo una cuestión de inconformismo? y ¿hay más gente a la que le ocurra esto?

No sé, de alguna forma me preocupa esta sensación que es como una mezcla de pena y desazón, porque sé que tengo que hacer algo, pero no sé el qué... Se admiten sugerencias.

lunes, 11 de enero de 2010

La Cañada Real VIP

Como es costumbre, este sábado quedé con un par de amigas para salir por la noche en búsqueda de la velada perfecta, es decir, cena y bailoteo aderezados con muchas risas y alguna que otra copichuela.

La primera parte del plan estuvo muy bien. Bueno, todo lo bien que puede estar una cena el plena 'operación mojama', es decir, ensaladita y carne a la plancha. Pero bueno, en estas cosas como se suele decir, lo importante es la compañía.
El problema surgió en la segunda parte de la historia. Normalmente solemos ir a pegarnos unos bailes a un garito en el que ya nos consideran parroquianas 'El garito de Miguel' (que es como conocemos a este local entre los amigos), hace una mezclas muy divertidas de pop, dance y Rafaella Carrá. El caso es que en esta ocasión decidimos improvisar y nos fuimos directas a uno de los locales de moda de la ciudad.

"- A ver si cambiamos un poquito de aires que esto de ir todos los fines de semana al mismo sitio 'ya huele'", fue una mis sentencias definitivas. Total que allá que nos fuimos. A innovar.

El hecho es que nada más entrar la cosa no prometía demasiado: la gente estaba muy quieta y muy organizada por grupos, pero lo que más nos ofuscó fue otro detalle: la zona VIP. Resulta muy curioso cómo la sociedad en general y los políticamente correctos en particular, no cesan de manifestarse, quejarse o llámalo como quieras, en contra de las grandes diferencias de clase, y luego por la noche, reclaman espacios separados y elevados sobre el resto de mortales, para tomarse una copa y de paso, otear el 'ganado' como si de una Cañada Real se tratara. Porque eso es lo que parecía, un mercado de ganado en el que las reses entraban y salían a cada cual con la falda más corta.

Y justo por encima ellos, los 'más guapos' con el uniforme puesto: camisa blanca hiper-ceñida, vaqueros súper apretados y reloj de marca, mirando a cada una de las chiquillas que entraban. Ellos, los de la zona VIP.

Nos pareció bastante extraño. Tal vez porque esos chicos eran muy jovencitos y parecían los predecesores de los snob que tanto critica la sociedad por sus aires de grandeza y ganas de destacar sobre el resto. Que conste que personalmente no tengo nada en contra sobre las clases altas ni las zonas VIP, pero una de las cosas que me dejó con un amargo sabor de boca fue el hecho de que parecía que todos allí sabíamos que únicamente éramos: un pedazo de carne que lucir.

Entiendo que por la noche uno no busca una conversación filosófica y, desde luego, soy la primera que se planta un escote como toca pero... creo que sigo sin acostumbrarme a que me miren desde arriba y me puntúen.

Al final, y como era de esperar, huímos como locas al "Garito de Miguel" donde en la entrada siempre nos reciben con dos besos y nos invitan a una copa, como a las personas.

jueves, 7 de enero de 2010

La mujer que quiero ser (mañana)

Reconozco que nunca he sido demasiado supersticiosa, supongo que lo justo. Creo que soy de las de "por si acaso", ya sabéis "-No voy a pasar por debajo de la escalera, por si acaso", o "-Ufff, no creo en esas cosas pero voy a comprarme ropa interior roja para Nochevieja, por si acaso".

Este año no he caído en esos ritos, pero he de reconocer que el no haberme podido comer las 12 uvas cuando tocaba me ha dejado un poco intranquila... Tal vez la mayoría piense que es una tontería, yo también lo creo, pero es que este año por aquello de ser una cifra tan redonda, me gustaría lograr convertirme en la mujer que quiero ser.

Varios son los propósitos que me he hecho para 2010. Los primeros creo que son bastante comunes entre la población en general: adelgazar (de una vez por todas) y dejar de fumar. Lo del inglés ya lo he dejado por imposible.

Por otra parte, y a nivel menos físico, me he propuesto intentar llegar a ser buena en este nuevo trabajo porque creo que tengo posibilidades y porque me parece que éste sí es el campo en el que quiero desarrollarme.

Por supuesto la faceta sentimental tampoco he querido descuidarla. Por lo menos me comprometo en 2010 a no volver a caer en lo mismo que hace unos años, no volveré a pasarlo mal por indeseables y juro que huiré de los malos...

Supongo que no pido cosas demasiado extrañas, pero soy consciente de que algunas de ellas son complicadas... Imagino que el asunto radica en que si la consecución de los éxitos depende únicamente de uno mismo, puede llegar a asustar. Más que nada porque entonces si llega el fracaso también es cosa exclusiva de uno. Por eso, aunque sólo sea por si acaso, me gusta pensar que algo externo aunque sea insignificante, puede ser definitivo en mi futuro.

Se despide,
Una mujer un poco asustada.