martes, 29 de diciembre de 2009

¿Hay algun caballero por aqui?

Resulta bastante curioso ver cómo la vida va uniendo distintas situaciones a lo largo de los días que te llevan a una reflexión interesante, o a una conclusion arrolladora.

Hace ya unas semanas me iba en compañía de un amigo y un amigo de éste a ver un espectáculo de monólogos en Castellón. Lo cierto es que no recuerdo exactamente cual fue la situación, creo que tuvo algo que ver con el hecho de que fuera yo quien condujo hasta allí, pero el hecho es que lancé la pregunta al aire: "-¿Dónde quedaron los caballeros?". La respuesta fue "-¿Pero no queríais igualdad?" A lo que no tuve más remedio que contestar "-Amigo mio, no hablo de igualdad, hablo de galantería"

A partir de aquí varias reflexiones: ¿Por qué los hombres siempren hablan de igualdad cuando se trata de situaciones desagradables para la mujer? Porque de momento no he visto a ninguno reclamando la igualdad de sueldos para ambos sexos, o pidiendo que no nos despidan por quedarnos embarazadas... Hasta ahora sólo claman de igualdad a la hora de pagar la cuenta del restaurante, o para ejercer trabajos peligrosos (hace poco El Mundo hablaba sobre el hecho de que las funcionarias de prisiones tendrían que trabajar con reclusos masculinos)... Los igualitarios... Ya me gustaría ver a las madres de estos que piden igualdad lidiar con un violador de 1,80...

Estas ideas que me asaltaban se vieron confirmadas hace un par de días. Por una cuestión de aparcamiento, para ir a mi nuevo puesto de trabajo tengo que desplazarme en autobús (cosa que odio, las cosas como son...) No hay trayecto en el que no me acuerde de mi amiga Magda, habitual del transporte público y por lo tanto, victima de las situaciones mas surrealistas que se pueden dar. Ella me contaba todas sus historias. Yo pensaba que exageraba. Ahora sé que no.

Uno de los personajes tan peculiares con los que me encuentro cada día es un hombre de unos 35 -40 años, trajeado, con los oídos taponados siempre con su MP3, y con un semblante muy, muy serio. Una de las cosas raras que hace es esconderse en un portal, supongo que para no pasar tanto frio, pero hay que verlo tan serio metido en la oscuridad... Un horror vamos.
Bueno, pues ya llevaba tiempo observándolo y ayer constaté que verdaderamente es un maleducado: nunca saluda pese a que nos vemos todos los días en la parada del bus, siempre intenta adelantarte al subir, en cuanto ve un asiento libre se lanza como un buitre, no sea que tú, que bajas unas paradas antes y llevas tacones (sí, porque quiero, pero seguro que por el balanceo que me dan él no para de mirarme el culo, por lo que él también quiere que me ponga tacones), no sea que vayas a estar cómoda un ratito... Por supuesto este amargadito no es el único maleducado del lugar, otro chico más joven también se pone en modo buitre extremo, y no duda en adelantarte haciendo un quiebro ilegal para arrebatarte ese sitio al que te dirigías tranquilamente...

No sé si le pasa al resto de mujeres, pero yo ya empiezo a estar un poquito harta de este tipo de personajes. Lo cierto es que echo bastante de menos a los caballeros que te recogen en casa, te ceden el asiento, pagan la cuenta por iniciativa propia (tranquilo, yo también trabajo, por lo que a la próxima te invitaré con muchísimo gusto) e incluso ceden el paso.. Y no se trata de una cuestión de discriminación, se trata de educación.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Reciclar ex-novios

No recuerdo exactamente dónde ni cuándo mantuve una interesante conversación con un amigo. El tema venía a colación de una nueva relación que ha surgido en nuestro círculo de amistades.
El asunto es que ambos admiramos profundamente la vida sexual de una conocida nuestra. De hecho, mientras el resto pasamos por una sequía que empieza a ser procupante, ella no para de triunfar y de ponernos los dientes largos al resto. Ante este hecho la pregunta no tardó en plantearse:
-¿Cómo lo hace? ¿cuál es el secreto del éxito?... Que alguien nos lo diga ¡por Dios!
Ante la desesperación se hizo la luz. Supongo que en parte por la copa que nos estabamos metiendo entre pecho y espalda (ya se sabe que las mejores conclusiones están remojadas en alcohol).
-La clave, querido mio, consiste en el reciclado de ex-novios.
Sí, esa es la respuesta a una vida gozosa plena. Reprimir el arrebato de borrar el teléfono de aquel impresentable con el que un día salimos, porque nunca se sabe cuándo se volverán a necesitar sus favores.
A raíz de la conclusión de que nuestra amiga era sentimentalmente sostenible no pudimos dejar de preguntarnos ¿merece la pena no perder de vista a ese ti@ que tan mal nos lo hizo pasar? ¿tener un acercamiento tan íntimo con el pasado es bueno para la salud? y ¿más vale malo conocido que bueno por conocer?
Personalmente creo que me resultaría bastante insano. Supongo que pese a que mi vida sentimental no ha sido especialmente amplia, sí he tenido la oportunidad de conocer a hombres de todo tipo, e incluso hoy he llegado a echar de menos a alguno, pero supongo que como dice una sabia :
-Eso es porque te aburres. En cuanto conozcas a otro, se acabó pensar en los ex.
Es una opinión bastante razonable. Supongo que si volviera a tener vidilla, acabaría con la tentación de reciclar a mis ex, porque al fin y al cabo hay que pensar que si la cosa terminó fue por una razón, y es muy probable que esa razón nos lo hizo pasar muy mal... Aunque ¿compensa aguantar a un hombre que ya es historia por un ratito de alegría? ¿a partir de cuándo está permitida la reutilización de un ex? ¿qué ocurre si tú estás dispuest@ a tener un 'encuentro' con él, pero te rechaza? ¿puede una ex-pareja ser nuestro amigo?
¿Estamos preparados para enfrentarnos de nuevo al pasado?
Yo, desde luego, no.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Menos mal que si hay alguien ahi...

Recientemente tuvo lugar un acontecimiento importante. No salió en prensa, pero para mí fue muchísimo más trascendental que cualquier Estatut... Mi cumpleaños!
Supongo que el hecho de cumplir un año más trae consigo inevitablemente una pequeña dosis de melancolía que invita a la reflexión... Y eso es lo que me ha pasado, pero en esta ocasión acentuada por una deliciosa razón.
El pasado sábado alcancé lo que se puede calificar como una "elevada cuota de felicidad". Con motivo precisamente de mi aniversario, una gran parte de la gente a la que más quiero, me organizó una fiesta sorpresa. Y digo una gran parte porque sé que algunas de las personas más importantes para mí, no pudieron estar presentes por razones de peso.
La gente que me conoce sabe que soy una persona de lágrima fácil (sí, soy muy emotiva ¿qué pasa?) y es verdad que en este último año me ha tocado llorar un poco más de la cuenta. Individuos malignos y un poco de mala suerte han tenido mucho que ver en el asunto, pero de esto aunque parezca mentira, también se aprende.
Creo que la lección más importante que he sacado de todo esto es que menos mal que sí hay alguien ahí. Por suerte están mis amigos, esos que enseguida saben que algo no va bien con sólo oirme al otro lado del teléfono, esos que han aguantado mis ataquitos en los momentos más duros, esos que han llorado conmigo y que se han preocupado cuando las cosas no estaban en su sitio.
Lo único que pretendo desde aquí es agradeceros vuestros consejos, las reflexiones plagadas de cigarrillos y los 'empujones' verbales para provocar mi reacción... No ha sido fácil, pero ya estoy bien.
Muchas gracias a todos por contar conmigo y por permitirme ser vuestra amiga. No todo el mundo puede presumir de tener a gente como vosotros a su alrededor... (Dios mio... ya tengo la lágrima aquí!)
Por último, sólo quería celebrar una nueva adquisición para mi colección de amistades. Es bastante curiosa la historia de esta relación. Empecé admirándole hace bastantes años y por cosas del destino acabamos trabajando juntos.
Se trata del dibujante valenciano Enrique Hormigos. Por favor, es de visita obligada su blog '1 tonto con 1 lápiz' (tenéis el enlace más abajo). Es ingenioso, gracioso y una persona encantadora. Basta decir que me hizo muchísimas más ilusión que me nombrara en una entrada de su blog que firmar mi primer contrato indefinido... (sí, antes eso existía)...

martes, 1 de diciembre de 2009

Esa palabra maldita...

Llevaba un tiempo pensando en que tenía que actualizar el blog -"ya lo has vuelto a hacer, otra cosa que abandonas a la mitad"-. Creo que en realidad lo que ocurría es que no había encontrado el tema perfecto para tratar, pero el otro día me sucedió algo que no puedo dejar pasar por alto... Más que nada para saber si es un problema mio o hay alguien con quien compartirlo al otro lado de la pantalla.
Me reconozco como una persona un tanto maniática, las cosas como son. Me molestan los ruidillos persistentes y para muchos, imperceptibles: alguien cortándose las uñas, el ruido que hacen algunos al comer, una radio en otra habitación,... en fin, supongo que como a casi todo el mundo. Lo que pasa es que no se me va de la cabeza un test psicológico que me hicieron en el colegio y me preguntaban precisamente si me molestaban los ruidos persistentes. En ese momento no me incordiaban. Ahora, mataría.
Esto viene porque he descubierto una palabra que despierta mis instintos asesinos: water.
Entiendo que es un término que no se va oyendo por ahí tan tranquilamente, más que nada porque la mayoría del personal, que está la mar de educado, emplea un sinónimo: servicio, baño, aseo... hay muchos, pero ¿por qué siempre tengo que encontrarme con el angelito que me suelta water?
Ahora mismo me vienen a la cabeza dos ocasiones en las que al oir esa maldita palabra, saltó en mí el resorte homicida:
La primera vez ocurrió en un local de comida 'gourmet' en el que solemos cerrar las noches de fiesta (mmm... delicatessen). Mi amiga de toda la vida y yo haciamos nuestra entrada triunfal a las tres de la mañana cuando un grupito de adolescentes, finos y educados, se cruzaron con nosotras. De pronto, uno de ellos espetó a voz en grito: -"¡¡¡Esperar, que yo voy al water!!!". Lo que salvó a ese ser inhumano fue que yo no llevara un machete encima, si no, le hubiera proporcionado una muerte atroz y agoniosa
La segunda vez que recuerdo, y ahora viene el meollo del asunto, fue hace un par de días.
Atentos: Segunda conversación telefónica con un 'pájaro' al que conocí el fin de semana. Más o menos todo apunta a que de aquí puede salir algo. Jijijaja, por ahí, jijijajá, por allá.. Si algo he aprendido en esta vida es que el 80% de éxito, es puro marketing, así que nena, véndete, y en esas que me suelta -"Aquí estoy que me voy al supermercado a comprar papel del water y jabón".
Venga! a tomar viento el sex-appeal, el marco romántico y la madre que me hizo... ya está, ahora lo único que recuerdo es que yo, en ese momento, no necesitaba más detalles, y que si utilizó esa palabra una vez, quién me dice que no lo volverá a hacer en persona, y que yo en esa ocasión no llevaré encima un arma de destrucción masiva... Horror.
Y he aquí la cuestión: ¿qué hago? ¿corto la gestación de esa relación? ¿soy muy exagerada al planterme el asesinato por el empleo de esa terrible palabra? ¿intento olvidarlo?
No sé, creo que hay veces en las que no hay que ponerse demasiado exquisita, pero es que ése es un tema que me supera.
Por cierto, no quería dejar esta entrada sin lanzar otra pregunta al aire. ¿Por qué en el autobús siempre está el típico nerviosito/a que te pregunta, vas a bajar en la siguiente? y todo para que les dejes pasar antes de llegar a la siguiente parada. Vamos a ver, ¿de verdad piensan que les vas a bloquear el paso a mala leche cuando tengan que salir? ¿tanta cara de hija de puta tengo? De verdad, no me apasiona tanto su compañía como para obligarle a estar conmigo durante todo el recorrido. -"No, no bajo en la siguiente, pero tranquilo, que le dejaré pasar".