Como es costumbre, este sábado quedé con un par de amigas para salir por la noche en búsqueda de la velada perfecta, es decir, cena y bailoteo aderezados con muchas risas y alguna que otra copichuela.
La primera parte del plan estuvo muy bien. Bueno, todo lo bien que puede estar una cena el plena 'operación mojama', es decir, ensaladita y carne a la plancha. Pero bueno, en estas cosas como se suele decir, lo importante es la compañía.
El problema surgió en la segunda parte de la historia. Normalmente solemos ir a pegarnos unos bailes a un garito en el que ya nos consideran parroquianas 'El garito de Miguel' (que es como conocemos a este local entre los amigos), hace una mezclas muy divertidas de pop, dance y Rafaella Carrá. El caso es que en esta ocasión decidimos improvisar y nos fuimos directas a uno de los locales de moda de la ciudad.
"- A ver si cambiamos un poquito de aires que esto de ir todos los fines de semana al mismo sitio 'ya huele'", fue una mis sentencias definitivas. Total que allá que nos fuimos. A innovar.
El hecho es que nada más entrar la cosa no prometía demasiado: la gente estaba muy quieta y muy organizada por grupos, pero lo que más nos ofuscó fue otro detalle: la zona VIP. Resulta muy curioso cómo la sociedad en general y los políticamente correctos en particular, no cesan de manifestarse, quejarse o llámalo como quieras, en contra de las grandes diferencias de clase, y luego por la noche, reclaman espacios separados y elevados sobre el resto de mortales, para tomarse una copa y de paso, otear el 'ganado' como si de una Cañada Real se tratara. Porque eso es lo que parecía, un mercado de ganado en el que las reses entraban y salían a cada cual con la falda más corta.
Y justo por encima ellos, los 'más guapos' con el uniforme puesto: camisa blanca hiper-ceñida, vaqueros súper apretados y reloj de marca, mirando a cada una de las chiquillas que entraban. Ellos, los de la zona VIP.
Nos pareció bastante extraño. Tal vez porque esos chicos eran muy jovencitos y parecían los predecesores de los snob que tanto critica la sociedad por sus aires de grandeza y ganas de destacar sobre el resto. Que conste que personalmente no tengo nada en contra sobre las clases altas ni las zonas VIP, pero una de las cosas que me dejó con un amargo sabor de boca fue el hecho de que parecía que todos allí sabíamos que únicamente éramos: un pedazo de carne que lucir.
Entiendo que por la noche uno no busca una conversación filosófica y, desde luego, soy la primera que se planta un escote como toca pero... creo que sigo sin acostumbrarme a que me miren desde arriba y me puntúen.
Al final, y como era de esperar, huímos como locas al "Garito de Miguel" donde en la entrada siempre nos reciben con dos besos y nos invitan a una copa, como a las personas.
Call Me Maybe - Rikki Six
Hace 9 años
Segundas partes nunca fueron buenas (salvo el Padrino 2) y a veces el “innovar”o “improvisar” se corre el riesgo de entrar en el lugar equivocado (adonde acuden tratantes de ganado entre otros. Sólo faltaba el trajeado con los oídos taponados oyendo MP3 y el arrebata sitios) pero tampoco se puede uno conformar con lo de siempre (eso está a perpetuidad y siendo parroquianas tenéis el cielo ganado de ante mano, para que ir a evangelizar a indígenas paganos, aunque te puede el aire aventurero). Celebro que actuaras como marca la ley ante tal situación “huir” a galope tendido y sin mirar hacia atrás y volver a lugar sagrado. La verdad es que está todo muy mal. Espero que no tuvieras que conducir tú otra vez.
ResponderEliminar¡Ay! el garito de Miguel... Y ese Michael... por no nombrar esa sesión remember... A mí ya me han ganado de por vida, visto lo visto. Un besete.
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